NOS INTERESA CONOCER EN PROFUNDIDAD LOS PROYECTOS QUE ESTÁN DESARROLLANDO LOS FOTÓGRAFOS COLOMBIANOS, AUN MÁS SI ESTÁN DEJANDO EN ALTO EL NOMBRE DEL PAÍS EN DIFERENTES ESPACIOS DEDICADOS A LA FOTOGRAFÍA DEL MUNDO.

 
En esta ocasión entrevistamos a el fotógrafo colombiano JORGE PANCHOAGA para que nos contara sobre su proyecto, las variables que ha encontrado en el camino y su reflexión creativa.

¿Cuál fue el camino para llegar al proyecto fotográfico “La Casa Grande”?

Construir La Casa Grande es un proceso donde se encuentran muchos caminos y en ese sentido no fue lineal. Empecé desde distintos lugares. Por ejemplo, en La Casa Grande hay imágenes que reflejan ideas, pensamientos y relatos que había recolectado en el 2006 cuando hacía mi tesis de grado en antropología sobre el trueque como un acto de resistencia. Haciéndolo indagué sobre la etnohistoria de muchos resguardos y encontré historias sobre el robo de tierras, de resguardos, en el Cauca, en las décadas del 30 y 40 por parte de terratenientes, que aliados en muchos casos con sacerdotes engañaron a personas analfabetas haciéndoles firmar títulos de propiedad para echarlos de sus tierras; encontré en esas mismas historias a Manuel Quintín Lame y sus luchas; la introducción de las escuelas en territorios indígenas en la década del 30’s, de las casas en los 70’s y 80’s con los programas de vivienda rural, que afectaron la concepción de la casa indígena y cambiaron espacios básicos como el del fuego, pasándolo del piso a un lugar alto, donde se jerarquizó el calor de éste. También encontré la forma como recuperaron sus tierras a finales de los 70, reuniéndose en la mitad de la noche a conspirar, caminando las montañas de los andes a oscuras para evitarse problemas. Todas esas historias influenciaron la construcción de La Casa Grande y algunas de ellas se hicieron material visual muchos años después cuando tenía más elementos sobre cómo decir cosas con imágenes, cómo señalarlas, como volver esas ideas, esos relatos y esas palabras imágenes. Esos relatos los recolecté en el 2006, en 2010-2011 empecé a trabajar en desarrollar el proyecto, lo primero que pensé fue en abordar como la cotidianidad hace parte de la resistencia; empecé primero dibujándolo y decidiendo cómo quería hacerlo, luego qué necesitaba para ello, y sólo hasta inicios del 2012 hice la primera foto que hablaba de todo eso que tenía en la mente: el territorio como espacio vital para resistir y ser diferente, la cotidianidad como acto de resistencia, la noche como metáfora de lucha y conspiración. En el camino todo se fue encontrando, mientras hacía fotos y hablaba con amigos, el proyecto iba cambiando de cursos, estropeándose, al final fue un trabajo de equipo el que permitió que el proyecto se resolviera como se resolvió.

Si ponemos una fecha sobre cuando empecé seria 2011, fue ahí cuando empecé a trabajar en desarrollar el proyecto. Primero lo dibujé, y con cada dibujo escribía frases a manera de metáfora para saber de qué quería hablar. Use muchos elementos de lo que había revisado en el campo de la fotografía y elementos de la antropología. Use metáforas de árboles genealógicos, de identidad, de territorio, etc. Luego pensé en qué necesitaba para hacerlo, ya tenía experiencia construyendo cámaras oscuras, pero los equipos que tenía no me permitían hacer buenas fotos a bajas condiciones de luz, así que sopesando todo el equipo que cargaba, peso, dimensiones, calidad y comodidad me hice a un equipo para el trabajo. Luego esa decisión fue la que me hizo hacer parte de los X.photographers de Fujifiilm.

Luego de eso vinieron dos años de trabajo, quizás algo mas, donde de tiempo completo pensé y trabajé en este proyecto con mis amigos, mi novia, mi familia, el cine que veía, lo que leía, hablaba, etc aquello que conforma lo que se podría denominar como mi ecosistema de creación y de investigación. La Casa Grande fue resultado de pensar y reflexionar sobre una búsqueda interna que no tenía completamente resuelta: el significado de familia, la casa, el valor de lo propio, de lo que heredamos, la resistencia que tenemos, la dignidad, lo que somos y la relación de eso que somos con lo que nos rodea, el universo, al mismo tiempo que opinaba y daba mi punto de vista sobre todo ello. Esa búsqueda y opinión no era exclusivamente académica o formal, ante todo era una búsqueda personal, una búsqueda de mi lugar y de mi construcción de ser, pues el proyecto surge cuándo me pregunto quién sería yo si me crio en el resguardo donde nació mi abuelo Rosendo Panchoaga, en Lamé, Cauca, ¿qué habría pasado?, esa pregunta detono todo, aun cuando tenía claro que el proyecto no podía ser autoreferencial.

 
¿Es un sólo camino o has encontrado atajos y/o desvíos? Si has encontrado otros caminos (atajos y/o desvíos) cómo se relacionan con la entrega actual del proyecto?

Pienso que en si misma ni la investigación ni la creación tienen caminos lineales o establecidos. Siempre nos estamos nutriendo de lo que somos, de lo que hemos vivido, de lo que sentimos o pensamos, de los recuerdos, de las películas, de los libros, de las charlas, etc. Un proyecto puede cambiar drásticamente por un recuerdo de infancia que nos llega y devela algo no visto antes.

A mi modo de ver en la fotografía, la investigación y la creación no existen los atajos. El trabajo de hacer imágenes, directas, construidas, producidas, photoshopeadas, collage, cualquiera que sea la forma exige trabajo, horas, dedicación, conocimiento, pruebas y esfuerzo. Los fotógrafos tienen el trabajo de decir cosas con imágenes, puede ser informar, transmitir sensaciones o sentimientos, señalar, opinar, contar, reflexionar y demás. Para ello se requiere no sólo de trabajo sino también de conocer la historia de la imagen tanto en foto como en otras áreas: cine, pintura, etc. incluyendo la música y la literatura y otros tantos campos que hacen que el cerebro contribuya a construir imágenes mentales y sensaciones corporales.

Ese campo es como un vocabulario construido que hace parte de nuestras sociedades, lo aprendemos cuando vamos a cine, en la tv, en internet, en las calles y libros. Nosotros debemos conocerlo, entenderlo y saberlo codificar, usarlo en función de lo que estamos trabajando, de lo que nos estamos preguntando, porque es lo que nos ayuda a decir, a contar.

Me refiero con todo esto a que en términos generales todos poseemos unos códigos que hacen parte de nuestro archivo cultural, y son susceptibles a detonarse por el uso de otros códigos. Pensemos en una película de terror. Cuando entramos a ver una de estas películas no es necesario haber cursado un taller de cine para sentir miedo, para articularte a su sentido narrativo, lo mismo ocurre con una broma, una novela, una comedia romántica, lo que hacen directores y fotógrafos es detonar códigos, usarlos para señalar lo que quieren opinar, decir y el cerebro del observador complementa esa información con todo lo que él conoce, y así se construye una lectura del trabajo (una de las muchas posibles), en esa dialéctica, puesto que el trabajo vuelve a hacerse en la mente de quien lo observa. En esta entrega lo que cambia es la plataforma donde se narra y las formas como se cuenta la historia, en ese sentido la forma como el observador se relaciona con el trabajo. Este es un capítulo más del proyecto, en Mensajes de agua estoy hablando de la migración a través de cartas que se resuelven como producto a través del uso de fotos y audio que componen un video.
 
Háblanos sobre esta segunda parte de la casa grande: mensajes de agua.

Mensajes de agua es el segundo capítulo del proyecto. En él intento acercarme al fenómeno de la migración y el desplazamiento, mirando este fenómeno desde otro lugar: realizo cartas con personas que se quedan en los lugares de donde se han ido sus seres queridos. Luego las llevo a las personas aquien han sido dirigidas y les entrego la carta, se las muestro y les dejo un dvd con la carta grabada. De alguna forma es un gesto performático, una acción, una intervención en todo lo que ocurre, en donde yo me convierto en un mensajero, un cartero. Lo realicé en el 2012 pero solo hasta ahora se exhibe; este jueves 6 de agosto se inaugura en EKHO ART GALLERY CHILE, en el mes de la fotografía gracias a ser el proyecto ganador en el concurso de fotografía iberoamericano NEXOFOTO 2015 y ahora aquí en Fotomeraki.
 
 
 
 
¿Cómo podemos llamar este “nuevo” modo de ver y escuchar, ya que esta segunda parte se encuentra entre el límite de la fotografía y el video?

En realidad no es nuevo ni novedoso. Si lo pensamos bien se han hecho muchos trabajos al respecto, quizás uno de los más emblemáticos y pioneros sea Fotografío para recordar de Pedro Meyer que inaugura el uso de fotografías y sonido en un CD-Room. Luego se han hecho muchos trabajos, la agencia Magnum dedico un esfuerzo grande en ello con Inmotion-magnum y fotógrafos independientes también lo han hecho; en Colombia por ejemplo 1839 ha venido haciendo trabajos al respecto. Sucede que la convergencia de medios en dispositivos, computadores y nuestra habilidad para darle uso han permitido que la fotografía y la creación se instale en diferentes niveles de exploración y búsqueda. Con ello esperaríamos que lleguen posibilidades, en verdad más novedosas, para la narración, habrá que esperar.

Generalmente se dice que una imagen debe hablar por sí sola. ¿Cómo relaciones esta segunda parte de La Casa Grande con lo que el público colombiano está acostumbrado a ver?

Las frases populares son ingeniosas y divertidas pero muchas veces no son tan convenientes para el mundo de la reflexión y la construcción teórica. Considero este un buen espacio para señalar que las imágenes no hablan por sí solas ni tampoco las imágenes dicen más que mil palabras. Es en su relación con las personas que existen infinidad de lecturas distintas, esto no indica que diga más que mil palabras o que diga algo por sí sola. De hecho ni las fotos ni los objetos dicen algo por sí mismos. Es nuestra relación con ellos lo que les da vida, por otro lado casi todas las imágenes nos detonan algo cuando las vemos, solo que hay contenidos que nos interesan o no, nos interpelan o no. Señalando esto, debo decir que considero al público colombiano muy acostumbrado a este tipo de narraciones, las vemos todo el tiempo en diferentes espacios, en el celular, en Facebook, etc. Siento más bien que hay pocos fotógrafos que están interesados por desarrollar y trabajar en este tipo de narraciones, aunque hay excepciones como es el caso de Luis Alberto Ángel del Espectador, quien gano el Poy Latam con un trabajo que opera de forma similar o Gabriel Rojas de 1839. La pregunta que me surge es ¿por qué el escaso interés en este tipo de narraciones?

¿Es un territorio aún inexplorado en Colombia?

No lo siento así, aunque es evidente que falta mucho por hacer y escuelas que integren el uso de diversos lenguajes para romper con el formalismo fotográfico que suspende la imagen en un vacío blanco para brindarle dignidad y respeto. SI bien el respeto está bien, también debemos ir más allá, explorar, transformar, proponer y en ese caso, aunque el video hecho con fotos y audio no es el ejemplo ideal de transgresión de nuestro contexto colombiano, si considero que son puertas para pensar en la imagen, la narración y en proponer formas y desarrollar el lenguaje con imagen.

¿Aún queda camino por recorrer con este proyecto?

Si, el proyecto está planteado en varios capítulos y aun no término de realizarlos todos. Hasta el momento hay tres desarrollados, seguramente me tomara un tiempo más terminar el proyecto, les iré contando cómo van los avances.

 
Para ver más del trabajo de JORGE PANCHOAGA, visita su página web en: www.jorgepanchoaga.com