El fotógrafo Colombiano JULIAN MEJIA VILLA nos cuenta un poco de su proyecto “SANTO PAISAJE”:

Tierras Altas del Cauca

Cuando el ser humano comenzó a poblar el planeta Tierra, el ambiente natural ya existía, por eso podemos asegurar que la naturaleza ha existido y perdurado con y sin nuestra especie, sin embargo, esto no es así para el paisaje. Existe un error común en el imaginario de la sociedad occidental y es el de asociar directamente el termino paisaje con el de naturaleza. Hagamos un pequeño ejercicio: imagine rápidamente un paisaje; seguramente su mente lo situó en un contexto rural, una montaña, árboles, un gran cielo etc. Si esto sucede así, es porque el paisaje como concepto, nació gracias a la representación de un terreno que hacían los artistas, lo cual nos permite concluir que el paisaje, al ser hijo del arte, es un invento humano.

Ante todo, el paisaje es un punto de vista; la definición de este término ha ido evolucionando y ahora se puede hablar incluso de ideas como paisajes del alma, pero siendo estrictos, el paisaje es algo que se ve, es un espacio/terreno limitado por el ojo de quien lo percibe. La pintura, fue la primera práctica artística que estudió el paisaje, aunque en un principio para los pintores éste no era más que una locación, la idea fue evolucionando hasta que a finales del siglo XV se convirtió en un tema artístico por si mismo, esto gracias a un concepto tan emparentado con la fotografía como lo es la Cámara Oscura. A partir de la utilización de la Cámara Oscura y de estudios sobre perspectiva que se iban desarrollando, los pintores llegaron a ser capaces de reproducir con mucha precisión el paisaje natural, y finalmente se convirtió en un tema de trabajo.

Con la llegada de la fotografía en el siglo XIX y su capacidad de retratar el paisaje natural de manera fiel, la fotografía de paisaje se convirtió en una herramienta para muchas prácticas, entre ellas la ciencia. En geología por ejemplo, la utilizaron como soporte para sus estudios sobre las dinámicas externas e internas del planeta, los pintores para capturar situaciones que luego pintarían y así otras disciplinas. De esta manera, la fotografía de paisaje fue surgiendo como una práctica para sí misma, se fue transformando en un documento informativo y arrastró al paisaje a ser portador de un conocimiento, por lo menos geográfico. Es aquí donde se sitúa nuestro estudio, ¿qué sucede cuando el paisaje no informa nada? ¿es esto posible?

Una de las prioridades de quien mira una fotografía de paisaje es saber dónde fue tomada la foto, esto por una necesidad inherente del ser humano de poseer y aprehender todo lo que ve o simplemente porque está interesado en ir a tal lugar, sin embargo, si esta información está ausente, el espectador podría dedicarse más a contemplar las formas de ese paisaje, a pensar lo natural sin la geografía, sin la dominación que impone el nombre, sería pensar en una fotografía de espacios y no de lugares.

El objetivo inicial de este trabajo, era ése, centrarse en el estudio de las formas de la naturaleza por medio de la fotografía de paisaje, pero mientras lo iba desarrollando en campo y conocía más la zona en cuestión, mi percepción fue cambiando y la necesidad de involucrar al ser humano que lo habita y lo modifica fue siendo cada vez más fuerte. El Departamento del Cauca, mantiene en sus montañas una mística propia de las culturas indígenas que lo han habitado por años, las tierras altas de este departamento, parecieran transportar a quien las camina hacia una especie de trance y conexión mágica con el alma, la soledad no parece ser tan difícil de soportar y el encuentro con el yo resulta placentero. Así qué, ¿es posible estudiar el territorio sin tener en cuenta la presencia humana? Parece complicado, y más teniendo en cuenta que el paisaje del territorio que presenta el fotógrafo ya está marcado por las emociones propias de éste, sin embargo, esta discusión dista de tener un fin próximo, por lo cual esta serie es una invitación a que se piense con mayor profundidad la fotografía de paisaje como práctica mayúscula en la labor de un fotógrafo, ya que por lo menos en nuestro país, tiende a quedar un poco relegada.

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